6Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. 7Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación.

8Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. 9Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos.

2 Corintios 1:6–9 RVR1960

Es una pregunta que nos hacemos muy a menudo: “¿Por qué me pasan cosas malas una tras otra vez?”  O la más general y clásica: ¿Por qué Dios permite que pasen cosas malas?”

Esto podrá parecer duro al nuevo creyente, y peor aún al que no lo es.Nos enojamos hasta con Dios (aunque no lo admitamos) porque pensamos que, si somos creyentes en Cristo, todo debería marcharnos bien, que Dios va a contestar nuestras oraciones, y que todo va a ser perfecto.  Eso este razonamiento no puede estar más lejos de la realidad.  Es a menudo producto de una falsa teología.  Dios no siempre va a contestar a nuestras oraciones o va a hacer todo exactamente como le pidamos.

Si, es verdad y hay que admitirlo; hay veces cuando oramos a Dios para que nos libre de nuestros problemas o solucione nuestras dificultades, Dios si contesta nuestras oraciones y concede nuestras peticiones.  Dios, en su misericordia, hay veces hace esto, pero no siempre.

¿Pero se imaginan ustedes si cada vez que oramos para que Dios nos libere de nuestros problemas, Dios nos libera así de fácil?  Lo que podría pasar es que Dios se convertiría en nuestro genio de fabulas de niños; cómo si frotáramos una lamparía, y de allí, listo, todo fácil.

Es un tipo de oración interesada. Piense, ¿cómo se sentiría usted si algún familiar que usted quiere bastante, quizás un hijo o su cónyuge, se acerca a usted con cariño solo cuando necesita algún favor o aun dinero en efectivo?

Aún, cuando yo personalmente podría testificar que Dios, muchas veces, si efectivamente responde a mis oraciones, aun a mis oraciones “interesadas”; hay otras veces que simplemente no lo hace.  Esto es porque Dios no quiere que todas nuestras oraciones giren en torno a nosotros.  Si, pero eso es lo que queremos, que cada vez que tengamos problemas y dificultades hagamos una oración rápida, y de allí, “tah tah”, todo listo, y nosotros a continuar con nuestra vida cotidiana.

Sin embargo, Dios tiene una mejor idea.

En primer lugar, en vez de simplemente librarnos de nuestras dificultades, Dios permite que estas dificultades pasen y nos da la fuerza y la consolación necesaria para soportarlas.

Dios también no quiere que nuestros problemas sean solo para nosotros. Dios quiere que otros también se beneficien de lo que nos pasa, que otros también aprendan aun de nuestras propias experiencias, y que seamos de consolación a aquellos que pasan por experiencia similares.  En este sentido, Dios quiere que seamos algo así como intermediarios para alcanzar a otros.  Dios quiere utilizarnos para que seamos de bendición, o aun, para la salvación de otros

Por esto, la próxima vez que su familiar le pida dinero o le pida algún otro favor, acuérdese que aún más importante que las cosas materiales son las espirituales, y aproveche esa oportunidad para enseñar a su amigo o familiar algo útil relacionado con sus propias experiencias.  Vea sus problemas y experiencias pasadas como los activos de un negocio, no como los pasivos.  Mire a los problemas que tuvo, que tiene y que tendrá en el futuro como el medio vaso lleno, no como un vaso medio vacío.

Ahora bien, recordemos también que es importante ayudar a suplir las necesidades materiales de otros, un “orare por ti” no es siempre suficiente, y menos para negar ayuda a otros (cf. Santiago 2:14-17).  Pero, lo que quiero decir, es que juntamente con las ayudas materiales que pueda brindar, usted podrá usar sus propias experiencias y la consolación que recibió de parte de Dios en sus dificultades y sufrimientos, para que otros, cuando tengan dificultades similares, ellos también obtengan de usted la misma consolación inspirada de lo alto, y así como también para que puedan aprender de sus propias experiencias.

Quejarse y buscar respuestas en Google no es siempre una buena idea.  La próxima vez, en vez de buscar en el internet una respuesta para la pregunta “¿Señor, por qué me suceden siempre cosas tan malas?” (y no se sienta mal por esto, yo también he hecho esto antes), es mucho mejor pedirle a Dios en oración que le responda porque tiene tal problema, como puede usted solucionarlo, y que puede aprender de tal problema.

Aún más importante, desde la perspectiva que viene de lo alto, pídale a Dios sabiduría para que usted pueda ser sensitivo a los problemas de otros, ayudar no solo económicamente sino también espiritualmente a aquellos que de verdad lo necesitan; sin usar tampoco el “orare por usted” como una excusa para no hacer nada.

Por último, si Dios si le responde a tal problema por medio de un amigo, un familiar o por medio de una circunstancia (como encontrar un trabajo), aprenda a no confiar ciegamente en tal persona o circunstancia (ver también Jeremías 17:5).  Tarde o temprano, un amigo o familiar nos va a dar la espalda y nos va a desilusionar.  Un nuevo trabajo no siempre será eterno y ciertamente nunca será las respuestas a todos los problemas financieros que uno pueda tener en el futuro.

Uno debe aprender de los problemas y circunstancias pasadas, presentes y futuras.  Uno debe aprender a confiar y a agradecer a Dios cuando nos ayuda con los problemas, o cuando nos de consolación, y de allí seguir confiando en Dios en los problemas venideros.  Dios utiliza los problemas y dificultades para construir un carácter moral y cristiano en nosotros(cf. Romanos 5:3-5); para que podamos seguir confiando en Él y solo en Él (v. 9); y por último, para poder consolar a aquellos que están en una situación o problema parecido al que tuvimos nosotros mismos (ver también el v. 4).

Dios los bendiga.

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