La grandeza

La grandeza
Buscada por muchos, anhelada por todos. La gran pregunta es; ¿Cómo se consigue? Vivimos en un mundo donde todos quieren ser reconocidos. Todos quieren ser admirados. Por otro lado, tristemente vivimos en un tiempo donde impera el individualismo, nadie se preocupa por los demás. La gente ya ni se habla, se pierde el tiempo, se pasa la vida pendiente a amigos imaginarios en las redes sociales, pero se ignora la verdadera relación social con quienes se tiene alrededor. La verdadera grandeza se obtiene en el servicio al prójimo. En una ocasión al final de su ministerio Jesús se reunió con sus discípulos para compartir la cena. Ninguno de ellos tomó la iniciativa ritual de lavar los pies a los demás debido a que esta tarea concernía al menor. Jesús conociendo sus pensamientos y actitudes, se levantó, tomo la toalla y lavó los pies de todos. El acto, más que necesario en la época, debido al polvo acumulado en los pies, representaba uno de humildad y servicio al prójimo. Jesús exhibió su grandeza por medio de su servicio y humildad.

¿Queremos alcanzar grandeza? Jesús dijo; “Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás” (San Mateo 20: 26, DHH). La grandeza se obtiene a través del servicio. No un servicio farisaico que busca impresionar no es el servicio acompañado de fotos para que todos las vean. No es el servicio que espera recompensas. No es el servicio que selecciona solo a algunos. Es el servicio que nace de una convicción de gratitud. El servicio que se brinda sin esperar nada a cambio, que no mira a quien, pues todos necesitan. Es el servicio que, muchas veces quedará en el anonimato, pero no pasa desapercibido en las paginas de los libros de Dios. La grandeza se obtiene siendo sencillos y humildes, teniendo empatía con los demás. La grandeza se obtiene relacionándose con la gente, conociéndola, conociendo sus necesidades y supliéndolas. El más grande ejemplo lo mostró Jesús. En el momento de necesidad tomo la toalla, se inclinó a los pies de sus discípulos y lavó sus pies. No lo hizo como un acto de hipocresía ritual como muchos lo hacen hoy día. Hoy no existe la necesidad de lavar los pies de nadie. No obstante, muchos acostumbran como acto litúrgico el lavatorio de pies, pero a la hora de la verdad no se sirven los unos a los otros. Jesús lo hizo con la intención de cubrir una necesidad real y dar un maravilloso ejemplo de vida mediante el servicio.
¿Queremos ser grandes? Seamos servidores de los demás.
Pastor Luis E. Pérez Cruz, Th.M.
IDDPMI Mora, Isabela
Casa de Paz y Salvación

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