“Desde mi escritorio”

abril 2021

 Lucas 22:42 “Padre: Si quieres pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”

 Nuestra naturaleza humana tiene el deseo constante de controlarlo todo.  Desde Génesis 3:16, cuando Eva peca y hace pecar a Adán, Dios les da una orden o sentencia “tu deseo será por tu marido, y él se enseñoreará de ti.”  Desde ahí comienza la lucha de poderes entre el hombre y la mujer, o sea que el deseo de controlar viene a causa del pecado.   En este mundo en que vivimos, el hombre quiere controlar a la mujer, la mujer al hombre, el machismo, el feminismo, los hijos quieren controlar y manipular a los padres y viceversa. En el ambiente laboral la lucha de poderes no cesa.

Por el deseo de querer controlarlo todo  y controlar a todos es que arrastramos y hacemos desdichados a los que nos rodean.   Le cedemos el control a Dios de algunas partes de nuestra vida.  Dios, te entrego esta parte de mi vida, pero esta área no, esta área yo la manejo como a mí me parezca correcto.  El problema es que no podemos servir a Dios a medias, tenemos que entregarle el control completo de nuestra vida.  Nuestros planes, nuestras relaciones, nuestros hijos, nuestro futuro, nuestro ego, nuestro orgullo, nuestro carácter, todo, todo lo tenemos que entregar a los pies de Cristo.   Hoy es el día de cederle a Dios el control de tu vida entera.

Fue el mismo Jesús y le dice al Padre, Señor que no se haga mi voluntad, sino la tuya.  ¡Cuánto más nosotros!  Dios nunca quiso que lleváramos la carga de tratar de  controlarlo todo.  Nos diseñó para vivir dócilmente rendidos a Él y con fe en Él.  El final de nuestra historia está seguro en Dios.  Bien lo dice su palabra en Jeremías 29:11 “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis.” 

 

Cuántos de nosotros pensamos que si tomamos el control de las cosas en nuestras manos todo va a estar bien.  Pero, ¿qué hacemos cuando un hijo está saliendo con alguien que no tiene nuestra aprobación,  qué hacemos cuando ellos escogen estudiar una carrera que no es los que nosotros quisiéramos para ellos,  qué hacemos cuando  ellos deciden irse de la casa e independizarse, qué hacemos cuando el esposo no arregla el tubo roto del baño, qué hacemos cuando nuestros hijos dejan la ropa tirada?  Son tantas las cosas que queremos controlar, que empezamos a pelear y al final y a la postre no terminamos controlando nada, pero sí hiriendo a nuestros seres queridos.

Tenemos que evaluar si el problema de ira o ansiedad que a veces sufrimos se debe a que queremos controlarlo todo.  Lo único que sí podemos controlar es a nosotros mismos, en el sentido de nuestras emociones y reacciones.  Todo lo demás está en las manos de Dios.  Tenemos que tener dominio propio.  Cuando intentamos controlar las cosas que no podemos, tendemos a perder el control de lo único que si podemos controlar, nuestras emociones.

Hablando de matrimonios, ¿conoces a esposos pasivos, conoces a esposas tratando de menospreciar la autoridad del hombre?  Estas conductas no producen matrimonios  felices.  Hoy día hay hombres despreocupados y enajenados de las situaciones que están pasando en su hogar. También, hay mujeres que quieren tener a ese hombre líder, que se preocupe por las cosas del hogar.  Tenemos que examinarnos, tomamos nosotros el control de la mayoría de las cosas y no dejamos que la otra persona se sienta valorada, respetada y tomada en cuenta.    Si quieres tener a ese esposo líder, con entusiasmo, con iniciativa, tienes que empezar a darle su lugar, a no criticarlo, a no juzgarlo, a no menospreciarlo, a no ser tan exigente.  Tienes que desarrollar ese líder en él.  Si tú tomas la iniciativa todo el tiempo, él  se va a sentir irrelevante y no va a actuar.  El hombre es la cabeza de la mujer como dice Efesios, eso significa líder.  Es por respeto a Dios y a su diseño para el matrimonio que debemos estar sujetas a nuestros  maridos.   No es que voy a estar sometida sin voz ni voto, sometida a insultos o maltrato, sino vivir un matrimonio estable, en comunicación constante, cediendo cuando haya que ceder, sin machismo, sin feminismo, cada uno con responsabilidades y deberes.

Sara, como mujer controladora, quiso darle una “ayudita” a Dios.  Le ofreció su sierva Agar a Abraham para que le diera un hijo.  Si tan solo ella hubiera esperado pacientemente la promesa de Dios, se hubiese evitado muchos problemas en su vida.   Su palabra dice en Proverbios 3:5-6 “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.  Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”.  Al final, Sara obtuvo el hijo de la promesa y creyó en Dios, pero tuvo que pasar por muchas humillaciones por querer tomar el control en sus manos.

Cédele el control a Dios.  No importa si tus ojos no pueden ver aún eso que Dios te prometió.  Espera pacientemente, porque si Dios lo prometió, Él lo va cumplir. No seamos como Sara, mujeres y hombres controladores.  Entrégale tu vida, tus hijos, tu familia entera a Dios.  No trates de controlar tu vida y la de los demás.  Deposítate en las manos de Dios y verás que los planes de Dios para tu vida y tu familia, son mejores que los tuyos.

 

Pastora Wanda Liz Santiago Vargas, Th.M.

IDDPMI Mora, Isabela

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