¿A QUIEN ELEGIREMOS?

“Desde mi escritorio”

Después de que Dios levantó a Gedeón como líder del pueblo de Israel hubo paz por 40 años. Gedeón tuvo 70 hijos y tuvo uno con una concubina (esclava o prostituta) en Siquem. A este lo llamó Abimelec. Luego de la muerte de Gedeón el pueblo se olvidó de cómo Dios los había bendecido y librado por mano de Gedeón. En ese momento Abimelec fue a Siquem y habló con los hermanos de su madre. Se ofreció como rey y conspiró contra sus hermanos. Siquem era una ciudad importante en el centro de Canaán, establecida durante el periodo patriarcal. Estos hombres hablaron con la asamblea encargada de designar reyes y estos aceptaron la oferta de Abimelec, porque consideraron su parentesco y nacionalidad.

Abimelec, con el dinero del templo que le fue dado contrató unos mercenarios para matar a sus medios hermanos y así lo hicieron. Mataron a todos sus 70 hermanos en una misma piedra, públicamente, como si se tratara de una matanza de animales, un sacrificio. El hijo menor de Gedeón, Jotán, quién había logrado escapar, cuando se enteró de que nombrarían a Abimelec como rey, subió a la cima del monte Guerizín y pronunció su discurso, utilizó un apólogo. (Jueces 9: 7-15) Se trata de los tres mejores arboles del mediterráneo, el olivo, la higuera y la vid. Estos eran los más importantes en la economía de Israel. Terminaron escogiendo a la zarza, al espino. La zarza los invitó a refugiarse bajo su sombra, esto es lo más absurdo del mundo. Nadie puede dar lo que no tiene. Terminaron escogiendo como gobernante, como rey, al más inútil. Dios utilizó a Jotán para denunciar al pueblo su maldad y a su vez profetizar el veredicto de destrucción. Tristemente el pueblo se olvidó de Dios y sufrió las consecuencias. Abimelec terminó en pleito con el mismo pueblo y fue asesinado. La Biblia dice: “Cuando los justos (rectos) gobiernan, el pueblo se alegra. Pero cuando los perversos están en el poder, el pueblo gime” Proverbios 29: 2 (NVI).

Estas son unas elecciones cruciales para Puerto Rico y el pueblo de Dios. Ciertamente, de los seis candidatos a la gobernación solo uno representa los principios y valores éticos, morales y cristianos que han sido la base fundamental de la sociedad a través de los tiempos. Ante esta realidad, es lamentable que muchos “cristianos” están más comprometidos con sus partidos políticos que con el Dios que los salvó. Estamos en un momento histórico, crucial, donde se levantan candidatos en contra de lo que nosotros defendemos como pueblo de Dios. ¿A caso los vamos a ayudar con nuestro voto a destruir todo en lo que creemos? Quieren legalizar el aborto, las drogas, las enseñanzas contrarias a la biología humana, a nuestros postulados de fe. Pretenden promover todo aquello que Dios toma por abominación. No puedo concebir a alguien que se llame cristiano, hijo de Dios, y con su voto le de paso a estas maquinaciones del diablo. ¿A QUIEN ELEGIREMOS?
Parémonos en la brecha y hagamos lo correcto. No hagamos como el pueblo en tiempos de Jeremías. Dios lo utilizó para llevar un mensaje de alerta al pueblo. Así dice el Señor: “Deténganse en los caminos y miren; pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se aparten de él. Así hallarán el descanso anhelado. Pero ellos dijeron: “No lo seguiremos” (Jeremías 6: 16). Y fueron destruidos.

Tenemos que tomar una decisión. Josué, el líder, exhortando al pueblo fue claro y contundente. Expresó sin miedo su postura ante la situación. “Pero si no quieren servir al Señor, elijan hoy a quién van a servir: si a los dioses a los que sus antepasados servían a orillas del Éufrates, o a los dioses de los amorreos que viven en esta tierra. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor”. Josué 24: 15 (DHH) La pregunta es ¿A quién elegiremos? ¿A quién le daremos el voto? ¿A quién ayudaremos a adelantar su agenda? El no votar se constituye en negar lo que somos y reusar un derecho y deber como ciudadano y en este momento crítico, un deber cristiano. Ciertamente, a la hora de la verdad, cada uno votará por lo que realmente tiene en su corazón. En estas elecciones yo votaré, no por un color, no por una costumbre, yo votaré por mis convicciones cristianas, votaré por el candidato que representa los valores y principios morales, éticos y cristianos. Quien no haga eso votará por sus perseguidores. Es tiempo de que la Iglesia de Jesucristo se una y ore al Señor para que sea el Espíritu Santo y no sus gustos quién le guíen en esta importante decisión. Es el Espíritu Santo quién nos guía a toda justicia y verdad.

Que Dios nos ayude en este tiempo difícil.

Pastor, Luis E. Pérez Cruz, Th.M

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